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Pedir ayuda: tan fácil y tan complicado

Nos cuesta mucho menos dar ayuda que pedirla.

Esta misma mañana, en una sesión individual, se ha repetido como muchas otras veces: ¿por qué no habré venido antes? Y esto ocurre también a nivel de empresas y de organizaciones sociales, ya que, independientemente del ámbito personal o laboral, en el que nos movamos, arrastramos nuestras creencias y nuestras pautas  de comportamiento pasadas de moda , que tendemos a aplicar una y otra vez, aunque el resultado sea siempre  el mismo y justo aquel que no deseamos.

Las razones pueden ser varias, pero siempre serán una versión de:

  1. Pedir ayuda es, en nuestra cultura, signo de debilidad y de ignorancia. Significa que no lo sabemos todo, lo cual es lo normal ¿no? ¡Cómo vamos a saberlo todo! Ignorancia es precisamente eso, pensar que lo sabemos todo. En este caso, está demostrado que les cuesta más a los hombres normalmente. Por ejemplo, acuden a las consultas médicas en estadios más avanzados de enfermedad o  gravedad de la sintomatología.

Esto es importante para su propia salud, por supuesto, en el caso de que de eso se trate, pero también y ahí están los datos,  son principalmente varones quienes siguen liderando empresas y organizaciones sociales. En este sentido, también pedirán para ellas, más tarde la ayuda, en este caso: formación, mentoring, coaching, consultoría, etc.

Prueba de ello es que la publicidad suele utilizar a las mujeres como reclamo, aunque en ocasiones, el producto-servicio vaya dirigido a ellas o también a ellos. Son las mujeres, en su rol estereotipado de cuidadoras, las que solemos coger las citas o realizar aquellos cambios en alimentación, higiene, tecnología y un largo etc, para el cuidado y disfrute de todas y todos.

Sin embargo, en ocasiones y si son ellas las que necesitan ayuda personal y son momentos económicos difíciles, antepondrán siempre cualquier objetivo de otro miembro de la familia, antes que el suyo propio, aunque sea más urgente o importante. En el ámbito de su trabajo, ya sabemos que están más abiertas a cambios e innovaciones.

  • Pedir ayuda supone en relación con lo  anterior,   sentimientos de vergüenza. Pensamos que lo que nos pasa, sólo nos pasa a nosotros o nosotras. Y que además somos unas personas terribles por pensar lo que pensamos, sentir lo que sentimos y hacer lo que hacemos o por estar pasándonos lo que nos esté pasando en ese momento. En primer lugar, si es horrible y nos perjudica, mejor que lo resolvamos cuanto antes ¿no? En segundo lugar, os aseguro, que los problemas los podemos resumir en:

Personas: ansiedad y sufrimiento, que proviene de pérdidas o deseo de lo que no tenemos y subyace, en realidad,  el no valorarse lo suficiente y la inseguridad.

Empresas: el mayor problema actual es el de la competitividad y por tanto, atraer clientes.

Organizaciones sociales: la captación de fondos.

Juanedc

Juanedc

En realidad todos los problemas se terminan resolviendo en un plano diferente al que se creó.  Es lo realizado en el pasado lo que nos ha traído hasta aquí. Esto supone un cambio que amplíe nuestra perspectiva en la valoración de lo que ocurre (si nos quedamos en no valgo (personas), es que no hay manera con esta crisis (empresas y organizaciones), seguiremos sin resolver.

Para ampliar nuestra perspectiva, normalmente necesitamos a alguien con mayor objetividad y que nos ponga delante de nuestras resistencias, nuestros miedos y nuestros sabotajes. Estos se dan de la misma manera en personas individuales, empresas y organizaciones sociales. Estamos hablando de personas en todos los casos. Podemos inconscientemente sabotear un cambio importante en nuestra empresa u organización, simplemente porque pensemos que puede peligrar nuestro puesto de trabajo, nuestra posición o nuestro prestigio. No nos damos cuenta, que a larga, puede peligrar precisamente por no afrontar dicho miedo.

El resultado de no pedir ayuda es el de encapsular lo que ocurre, intentar taparlo y mostrar al exterior nuestra mejor máscara. Como en el teatro, el telón cae tarde o temprano, y tenemos que decidir entonces qué hacemos con la máscara. Podemos ponernos otra, claro que sí, pero ya sabemos que no podemos eternamente tapar, que o bien poco a poco o en explosiones el interior fluye, aunque de la forma menos apropiada: la inseguridad en forma de rabieta, la vergüenza en forma de prepotencia, el estancamiento en cierre, la necesidad de en ausencia de…

Lo que no se gestiona sale a la superficie. En la naturaleza tenemos muchos ejemplos de ellos: ríos que vuelven a sus cauces, aunque tengan que arrasar para ello lo que encuentren por medio.

Mientras más construyamos deconstruyendo, menos destrucción encontraremos en nuestro camino.

Y esto es así, para personas, empresas y organizaciones sociales.

Reconocer la incertidumbre como parte de nuestra vida, nos prepara para gestionarla.  Pedir ayuda nos dignifica.

Como siempre, a espera de vuestro bien decir.

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